Novela Corta Colaborativa 2015 (Segundo Ciclo)

 

Las diez y media y Jesús no aparecía... Toñi, con la cabeza baja sostenía el móvil entre las manos esperando al menos un whatsapp con una disculpa o un motivo por el retraso. Mohamed acaba de servirle la tercera copa y distraído mirándola la derrama en la mesa  salpicando su vestido rojo.

- ¡Lo siento! Exclama el camarero.

-¡Sólo me hacía falta esto!- Le reprocha con una mirada despectiva y casi arrogante. Toñi no se había fijado antes en sus grandes ojos oscuros y profundos y él le dedica una concilidadora sonrisa - No tienes la culpa, es mi noche de mala suerte

 

En ese momento el teléfono comenzó a sonar. Era una voz desconocida, sin embargo el número era el de Jesús:

 

-Hola, buenas noches, ¿es usted Antonia López?

-Sí -respondió alarmada - ¿quién es usted? ¿Y Jesús?

 - Soy el doctor Ventura, mire, siento mucho comunicarle que Jesús ha sufrido un accidente y se encuentra en estado grave. Está en la UVI.

- ¡Dios mío!, ¿qué ha sucedido?

- No conocemos todos los detalles aún, pero debo decirle que iba ebrio.

- ¡Oh no!

A Toñi le dio un vuelco el corazón. Recordó la noche anterior y la fuerte discusión que tuvieron. era inevitable sentirse culpable. Ella no podía aceptar el puesto de trabajo que le habían concedido a Jesús en Chicago. Pensaba que la distancia acabaría con su relación. Ella lo necesitaba cerca.

- ¿le pasa algo? -preguntó Mohamed algo preocupado por las lágrimas de la chica.

Ella levantándose del asiento, cogió su abrigo, le dejó unas monedas y le dijo:

- tengo que irme corriendo al hospital, mi novio ha tenido un accidente y está muy grave.

-Oh, cuánto lo siento. Yo termino mi turno ahora mismo, si quiere puedo llevarla.

 

Era ya más de media noche cuando llegaron al hospital.

 

 

Al entrar en urgencias, les indicaron en qué planta se encontraba Jesús. Había sido intervenido y no podrían visitarlo. Esperaron a que algún médico les informase. Pasaron unos minutos cuando un doctor joven preguntó por los familiares de Jesús Quintero.

- Yo soy su novia, sus padres viven en un pueblo y todavía no les he avisado.

- El coche ha impactado en el túnel contra una columna, el volante se ha incrustado en su pecho y  casi pierde un pulmón. La intervención ha salido bien, pero hasta dentro de unos días no sabremos si sobrevivirá.

Aquellas palabras angustiaron a Toñi, que se abrazó desconsolada a Mohamed.

- Disculpa, pero no he podido evitarlo.

- No te preocupes, entiendo cómo te sientes.

- Muchas gracias por acompañarme, puedes irte ya. Me pondré en contacto con los padres de Jesús. ¡Qué duro resulta esto! No puedo creer que hace un rato estuviese enfadada porque no había dado señales de vida.

- Me gustaría quedarme aquí  hasta que alguien venga a acompañarte.

En ese momento, empezaron a oír ruidos en los pasillos, enfermeras corriendo de un sitio a otro nerviosas y preocupadas, el doctor que les había informado del estado del paciente, volvió a atravesar la sala.

De pronto, se hizo un absoluto silencio.

El médico se acercó a Toñi, y con grave voz le comunicó que Jesús había fallecido.

Dos días después, Toñi tomó el café más triste de su vida, en el mismo bar donde le dieron la noticia del accidente de Jesús. Mohamed la miraba, pero ella no levantaba la vista de la taza. El joven memorizaba cada poro de su piel, tenía delante a una joven abatida  que había envejecido diez años desde la primera vez que la vio. Ella aún no sabía por qué había aceptado la invitación del camarero, pero creyó que como el muchacho se había portado tan bien la noche del accidente, no debía ser grosera aunque no le apetecía de ninguna manera salir de su casa.

 

-terminé mi jornada, ¿qué haces ahora? Si quieres te acompaño y damos un paseo.

-tenía pensado irme a casa, no me apetece hacer nada, pero bueno, no me vendrá mal tomar el aire.

 

Ambos salieron de la cafetería y caminaron hasta el parque más cercano sin apenas cruzar palabra. Se sentaron en un banco y Mohamed rompió el silencio:

 

- ¿Cómo te encuentras?

 

Ella se echó a llorar desconsoladamente y, cuando pudo hablar, dijo:

-la verdad es que no estoy bien. Todo me recuerda a él. No puedo creer que esto haya pasado. Si no te importa quiero irme a casa, vivo ahí cerca.


Por fin llegaron a su casa y justamente antes de entrar sufre un pequeño mareo. Mohamed la sujeta evitando que caiga al suelo:

 

-Cuidado, ¿estás bien?

-Sí, no te preocupes, estos días no he tenido apetito y supongo que estoy débil. Sé que es mucho pedirte pero, ¿podrías acompañarme un rato hasta que me encuentre bien?

-Tengo una idea mejor, te preparo algo para cenar y luego descansas para coger fuerzas. Ya verás como mañana estás mejor.

Mohamed la atendió y la trató con tanto mimo y cariño que Toñi olvidó por un instante la pesadilla que estaba viviendo.

 

 

 

-¿Te ha gustado la película? preguntó Mohamed con espectación.

-Bueno no ha estado mal, hacía tiempo que no venía al cine... ya sabes..., desde el accidente de Jesús...,

-De eso ya hace casi cuatro meses y no deberías pensar en ello.

-Tienes razón gracias a ti aquello ahora queda muy lejos.

Mohamed la sonríe y acaricia su pelo, la atrae a su pecho y se funden en un tierno abrazo. Caminan lentamente hacia el restaurante más próximo, un solitario kebab al que acudían con frecuencia. Mohamed se dirige al mostrador a pedir lo que habitualmente tomaban. En ese instante el móvil del jóven empieza a sonar con insistencia. Toñi, insegura mira la pantalla y observa un número desconocido. Al instante, un mensaje suena y la muchacha lo lee pensando que pueda ser importante para su novio. Sus pupilas se dilataron y desencajada levantó la mirada para buscar al que había sido durante tanto tiempo su refugio, su apoyo, su vida. En el mensaje rezaba: la carga de explosivos está preparada, esperamos tus órdenes.

 

 

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