Novela Corta Colaborativa 2015 (Primer Ciclo)

La historia inacabada

Estaba nublado aquel día de primavera. Todo parecía tranquilo en Malpartida de Cáceres. A Lola y a Mario, sin embargo,  no les importaba el tiempo y se fueron a dar un paseo al parque natural de Los Barruecos. Ambos conversaban alegremente sobre sus planes para el fin de semana. Sin darse cuenta comenzó a atardecer  y una niebla espesa les iba envolviendo hasta no ver más allá de unos metros. Ellos siguieron caminando y se dieron cuenta de que estaban perdidos y ya era de noche.

Lola, más angustiada que Mario, echó a correr, tropezó con una rama y se cayó. Mario acudió a socorrerla:

_¿Te has hecho daño?

_Sí, ay, me duele bastante el tobillo.

Mario miró hacia todos lados y vio una casa en ruinas.

_Espera, creo que  allí hay una casa. A ver si podemos llegar, yo te ayudaré. Además, se ha hecho  muy tarde y tenemos que refugiarnos.

_Espero que  nuestros padres estén buscándonos.

Llegaron a la casa. Mario buscó algo para sujetarle el tobillo a Lola. Recorrió toda la estancia y de pronto vio una tabla levantada del suelo. La curiosidad le venció, levantó la tabla y encontró un trapo lleno  de polvo que envolvía algo. Era un libro. Lo abrió y parecía un diario antiguo.


_¿Es un diario?

_Creo que sí.

_Parece el diario de una chica. Está lleno de corazones. No deberías cogerlo, su dueña se enfadará.

_Por el polvo que tiene, estoy seguro de que su dueña lleva mucho tiempo sin echarlo de menos.

_Me duele mucho el tobillo, creo que deberíamos preocuparnos por él y no meternos en la intimidad de nadie.

Mario no hizo mucho caso a su amiga y abrió el libro. Una foto arrugada impedía separar las hojas centrales. El joven forzó el papel y consiguió ver la foto. Solo salvó una parte de ella. La otra quedó pegada al otro lado.

_Te lo has cargado.

_Lola, esta foto es de tu madre, está más joven pero es tu madre.

Los dos jóvenes observaron a la chica de la foto, sonreía y parecía estar en  Los Barruecos. Estaba claro que alguien la acompañaba pero su imagen había quedado pegada en el folio y si la intentaban despegar romperían la hoja.

Lola se quedó tan sorprendida que se olvidó de su tobillo. No podía imaginar cómo su madre habría dejado guardado en el suelo de una casa abandonada su diario, el diario de su juventud. Tal vez esa casa fuese el refugio del que ella hablaba con sus amigas cuando recordaban sus aventuras infantiles, pero nunca pensó que su madre escribiese diarios, y mucho menos que los dejase enterrados. Quizá el diario no era suyo. No tenía escrito ningún nombre que les dijese de quién era.

   Mario se aventuró a leerlo, tras pasar algunas páginas se detuvo en una y citó en voz alta.

"Cuando la vi se me aceleró el corazón y empecé a temblar, ella se acercó y me sonrió, en ese instante supe lo que era el amor"

-No es una mujer la que habla, Mario, es imposible que este diario sea de mi madre.

-Es cierto, es evidente que es un chico, pero ¿de quién se puede tratar?

Mario buscó alguna firma o nombre, pero sólo halló una fecha y unas iniciales: 7 del 11 del 1974 CBM.

-¿A quién pertenecerán estas iniciales?- preguntó Mario.

Lola ojeó a su alrededor, pensando en una respuesta, hasta que sus ojos se toparon con una puerta de madera vieja y desvencijada en cuyo centro se dibujaba un corazón con unos nombres que no podía distinguir.

-Mario, ¿que pone en esa puerta?

El muchacho se levantó y leyó la inscripción; dentro de un corazón aparecían los nombres de Carlos y Ángela.

-Qué casualidad, Lola, el nombre de tu madre y de mi padre.

Un golpe seco abrió la puerta en ese instante y ambos sobresaltados pudieron distinguir la figura de un hombre  dibujarse en la puerta, cuando sus ojos se acostumbraron vieron la figura de Carlos, el padre de Mario.

Carlos Barrado Morcuende al ver a su hijo con el diario se quedó pálido y muy nervioso. Había reconocido el diario que tantas veces habían escrito Ángela y él. No podía creer que aún siguiera ahí.

_Ah, estáis aquí, por fin os encuentro, no sabéis lo preocupados que estamos todos.

_Lola se ha hecho daño en el tobillo y nos hemos refugiado aquí porque ya se hizo de noche.

_Será mejor que llame a una ambulancia _dijo el padre._ ¿Qué es  eso?, a ver... ¿me dejáis echarle un vistazo? _añadió.
Mario, contrariado, dijo que no.

- Bueno, no importa, ahora hay que pedir ayuda.

Coge el teléfono y como no había cobertura les dice:

-Salgo fuera un momento, no os mováis, aquí no hay cobertura.

Lola estaba cada vez más cansada y dolorida, así que se sentó en el suelo de madera. Mientras Mario fue a buscar algo que le sirviera de vendaje y encontró unos trapos que podrían hacer bien esa función. Al regresar a la salita, se acercó a su amiga, se arrodilló y se dispuso a vendarle el tobillo. De repente se vieron tan cerca que sus almas se encontraron y sin poder evitarlo unieron sus labios en un hermoso beso.

La puerta se volvió a abrir y entró Carlos,  que al verlos, recordó su romance con Ángela, la madre de Lola y les dice:

- Hijo mío, ese diario perteneció a tu madre, Lola, y a mí. Hace mucho tiempo nos enamoramos, como vosotros ahora. Las circunstancias de la vida nos separaron y no pudimos terminar juntos. Ahora el diario os pertenece a vosotros. Continuad vuestra historia.